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El discípulo, quien era el más avanzados de todos los alumnos que habían llegado a la Escuela de la Vida,
exponía apasionada y concentradamente las disertaciones más profundas de sus aprendizajes de vida, mientras el resto del grupo le miraba atónito, con cierto recelo, indagación y callada admiración. El maestro interrumpió y le dijo: “Ve entre el mundo para que seas testigo de las necesidades de afuera y para que des testimonio fiel de esto que has construido en tu interior y has vuelto pensamientos, ideas, palabras, creencias y apreciaciones. Ya que para que tu labor en esta escuela sea perfecta hace falta del más alto reto de soberanía individual”.
El alumno intrigado y buscando siempre la perfección preguntó “¿cuál es el reto que necesito demostrar?”. La respuesta le fue dada en la tarea encomendada, y así se embarcó a empacar lo necesario y dejar la escuela para realmente vivir, sentir, expresar, equivocarse, recuperarse y continuar. Con los años comprendió que el ejemplo es la mejor técnica de enseñanza aprendizaje, que saber no es igual vivir, que la tolerancia es un tipo único de disciplina, que cada persona tiene algo de extraordinario aunque ella no lo sepa, que la quietud es constante en movimiento, que dar y recibir es tan importante como pedir y agradecer, que mientras más se aprende más se quiere enseñar, que basta una respiración para transformarnos en lo que queremos ser y que todo lo que somos es fruto de lo que hemos sido.
Al pasar los años el alumno volvió a su antigua escuela a visitar a su amado maestro y al verlo lo encontró más viejo, más sereno, más sencillo, más alegre y más sabio. Pero sobre todo se maravillo con la sorpresa que la Escuela de la Vida le había preparado, ya que el era reconocido, esperado, amado, valorado y respetado por todos: maestros y alumnos, jóvenes y ancianos, ricos y pobres, solitarios y amigables, callados y estruendosos, todos, quienes ahora le llamaban MAESTRO.
Dedicado a ti Instructor, docente, terapeuta, coach, consultor y ante todo Maestro de tu especialidad, de tu intención de vida, de tu andar y de nosotros: tus alumnos.
¡FELIZ DÍA DEL MAESTRO!
Por Mtra. Selene Fortanel Polo
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